Élan Inmarcesible
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A muy pocos kilómetros de Madrid, y muy bien conectado por transporte público, se encuentra uno de los yacimientos romanos más bonitos del centro de España. Se tratan de las ruinas de la antigua ciudad  de Complutum, la actual Alcalá de Henares, una visita imprescindible si te gusta la historia.

No es la primera vez que visito Alcalá. Esta ciudad cuenta con varios monumentos muy atractivos como la casa Cervantes, la universidad, el centro, el barrio judío, sus iglesias, etc., junto con su conocida gastronomía de tapas que la hacen un lugar muy visitable tanto si eres de fuera como de dentro de Madrid. Sin embargo, no fue hasta el pasado octubre que no me decidí a quitarme esa espinita que llevaba clavada desde hace años y visitamos el yacimiento romano.

Las ruinas propiamente dichas se encuentran más cerca de la estación de tren de La Garena que de la parada de Alcalá de Henares. Al final del artículo os dejaré diferentes maneras de ir, aunque nosotros optamos por ir en coche.

El auguraculum de Complutum

Nuestra primera visita fueron las ruinas de la ciudad, donde pudimos ver un trozo de una insula (la manzana VII), el auguraculum, parcialmente reconstruido, el foro, las termas y la basílica. En el momento de la visita, la casa de los grifos estaba en excavación y cerrada al público.

Las termas

Muy cerca del yacimiento, a unos 10 minutos caminando, se encuentra la casa de Hipólito, una especie de «colegio para caballeros» que incluía jardines, termas, lugares para la enseñanza y el mausoleo de los Annios, los grandes mecenas de la ciudad, muy cerca.

Tras ello, rescatamos nuestro coche y fuimos al centro y, tras llenar la tripa, nos dirigimos al museo arqueológico regional donde, a parte del propio edificio que ya de por si es precioso, contiene varios elementos arqueológicos encontrado en toda la comunidad de Madrid, los mosaicos encontrados en las excavaciones de Complutum y materiales de estos yacimientos.

La piscina trilobulada de la casa de Hipólito

Si aún no os he convencido de hacer esta visita, dejadme que os cuente lo último. Entrar a todo esto nos costó el módico precio de 0 €, así que, si buscáis un bonito plan de fin de semana, incluso familiar (ya que hay visitas guiadas al yacimiento los sábados por la mañana y la casa de Hipólito está totalmente guiada y tapada por lo que no pasaréis ni frío ni calor), os dejo aquí esta idea.

Cómo llegar

En coche

Yacimiento de Complutum: Camino del Juncal, 12 (con C/ Jiménez de Quesada).

Casa de Hippolytus: Avenida de Madrid, s/n (junto Ciudad Deportiva El Juncal). Alcalá de Henares.

En transporte público

Estación de tren de La Garena (20 minutos caminando hasta el yacimiento aproximadamente)

Alsa 223 que se coge desde Avenida América en Madrid capital (7 paradas)

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Antes muerta que sencilla, el regreso
Llevaba la friolera de dos años intentando escribir esta entrada (qué rápido pasa el tiempo), y el otro día, revisando fotos para mi blog de historia de Japón, reencontré las fotos que me hice como oiran en Tokyo.

Si vais a viajar a Japón en breve (no digo ahora, que tal y como andan las cosas no se puede ir viajando), y os apetece vestiros con el traje típico de allí, hay varias opciones. La más fácil es, si viajáis a Tokyo, es que os vistan de maiko o geisha y podáis ir a dar una vuelta a la ciudad y os hagan fotos en ella. No tengo una experiencia que narrar aquí, pero Laura de japonismo.com lo hizo y en ese enlace podréis ver su experiencia, además de poder reservarlo, si os apetece, vía la página. También existe la posibilidad de alquilar un kimono y pasear por la ciudad durante unas horas. Esto lo debe de ofrecer varias ciudades, porque aparte de en Kyoto, lo vi en Kanazawa.

Yo, sin embargo, opté por algo distinto. Como ya que me iba a gastar los dineros, decidí hacerlo a lo grande y me decidí por la oiran, o lo que viene a ser, la putilla japonesa (vamos, que las oiran eran las prostitutas del Japón antiguo, pero hasta para eso tenían sus clases y sus ropas). Las  oiran tenían unos kimonos y unos tocados espectaculares, por lo que, claro, pues la foto quedaba más llamativa.



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. こんにちは😃 スタジオ七色公式アカウントです♪ . 春を感じる素敵なスタジオで思い出を残してみませんか? . 気になる方は問い合わせより、ご連絡お待ちしてます😄 . 👇プロフィールはこちら👇 @studio_nanairo ◆スタジオ七色 住所:東京都台東区雷門2-17-8 電話:03-3843-7716 アクセス:東京メトロ浅草駅2番出口から徒歩3分 . . #studio_nanairo #スタジオ七色 #七色美人 #花魁 #花魁体験 #花魁メイク #花魁撮影 #着物ヘア #着物メイク #着物美人 #芸者さん #にっぽん #都内観光 #浅草 #あさくさんぽ#kimonolovers #kimonolove #kimonorental #kimonofashion #furisode #japanesekimono #japan_travel #myjapan #traveltojapan #traveltokyo #visitjapan #asakusatokyo #asakusatemple #sensoji #sensojitemple
Una publicación compartida de スタジオ七色 (@studio_nanairo) el 16 Mar, 2020 a las 3:03 PDT



Nosotros fuimos al estudio Nanairo en Asakusa y fueron como unas dos o tres horas y nos costó 300 €. Creo recordar que escogimos el plan siran, pero si os tengo que ser sincera, la verdad es que no lo recuerdo.

La verdad es que fue una experiencia súper positiva. Nos maquillaron a mi amiga y a mí como nunca habían hecho y me pusieron un pelucón que pesaba por lo menos tres kilos (recuerdo cómo se me iba la cabeza para atrás todo el rato del peso). Las chicas del estudio nos trataron súper bien y lo hicieron muy ameno. Nos llevamos un CD con 12 fotos dentro en alta calidad y luego, una pequeña muestra de lo que había en el interior, además de tres fotos impresas como para ponerlas de sobremesa.

Mi madre, en vez de foto de comunión, tiene esta en el recibidor.


Así que, ya sabéis, si os apetece vestiros con un kimono, pero además hacerlo en plan espectacular, os recomiendo que reservéis una tarde de vuestra estancia en Tokyo para hacer esto. Además, el estudio está al lado del templo Sensoji de Asakusa, así que podéis hacer un dos por uno ese día.

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Soy consciente, antes de empezar a escribir, que esto me va a costar hacerlo. Probablemente porque las heridas no están del todo cerradas, pero hay veces que necesitas dar carpetazo a algunos asuntos para poder seguir adelante. Y este es uno de ellos.

                Si habéis leído la anterior entrada en la que os hablaba de mi experiencia con la eclampsia, ya sabréis que mi chica nació a las 30 semanas, lo que la convertía en muy prematura dentro de la escala de prematuros. Vamos, un riesgo importante y si hubiera nacido en otra época u otro país, ni ella ni yo lo estaríamos contando ahora mismo.

                Voy a empezar por contaros el final, para que no os angustiéis. La historia tiene final feliz. Mi chica lleva ya una semana en casa y está bien, pero ha sido un largo periplo de 7 semanas en las que hemos vivido de todo y, sobre todo, he aprendido mucho, principalmente de la vida.

                Ya os dije que mi chica me había enseñado una lección importante siendo tan pequeña, y es que la fuerza con la que se aferraba a la vida era contagiosa, así que fue mi alimento espiritual y mental durante todo este tiempo que de otra manera no hubiera resistido. También os digo que no ha sido un camino de rosas y hemos tenido muchísimos altibajos, pero por suerte ya pasaron (aunque fueron muy putos de vivir).

                La primera semana de vida de nuestra chica me la pasé yo en el hospital ingresada, así que, medio grogui ni me enteré. La segunda, en plena recuperación postparto, estaba tan despistada que no sabía ni qué día era. Ya a partir de la tercera fue cuando me empecé a enterar de lo que iba la vaina y la bala que habíamos esquivado. 

                Justo en esa semana sentimos el primer altibajo: le diagnosticaron una infección. Ella tenía apenas 32 semanas y lo primero que me dijeron es que le habían dado el antibiótico más fuerte por si acaso tenía meningitis. ¿Vosotros sabéis que es la meningitis? Pues eso.

                ¡Ah! Se me olvidaba añadir el escenario a todo esto. La cuarentena por coronavirus. En el hospital sólo podía estar uno de los padres y por razones biológicas, lo lógico es que, si podía, fuera la madre. Así que todas las hostias me las comí sola, como el resto de madres que estaban allí. Una cosa súper humana, claro que sí. No hay nada peor para una madre que tener a un hijo metido en una urna de plástico, totalmente sondado y entubado y que ni siquiera esté nadie para apoyarte cuando te dicen que tu hijo de 32 semanas podría tener una pedazo infección de la hostia. Y digo infección porque fue lo que me pasó allí, pero que allí vivimos muchas experiencias bastante intensas en general.
                Por suerte, hicimos piña las madres de allí. Y es que todas teníamos historias igual de malas, por lo que te sentías totalmente arropada por ellas y por el equipo médico del lugar. Pero sobre todo por las madres, que compartían tu dolor y preocupación. Era entrar a la sala de la UCIN y preguntar a todas cómo estaban sus pequeños todos los días por las mañanas. Compartías sus logros y acompañabas sus tristezas. ¿Qué más nos quedaba?

                Por suerte, y digo suerte con todas las letras, la infección no fue muy grave y remitió a los pocos días. Mi chica entonces empezó a florecer y a la semana 34 ya le quitaron la CPAP (el tubo de respirar) y le pusieron las gafas. El día que la sacaron de la incubadora, esa semana también, fue un día grande porque significaba que la podía COGER y TOCAR sin que una enfermera me supervisara. Ojalá jamás tengáis que ver a vuestro hijo a través de un trozo de plástico transparente y sólo poder tocarle por una ventanita cuando lo único que queréis es cogerle en brazos y decirle que todo está bien y que todo pasará. De verdad. Creo que fue de lo peor que llevé.

                Al poco, lo cambiaron de habitación y nos pasaron a prematuros medios. Eso era el paso para la gran salida a casa, significaba que estaba lo suficientemente bien como para no tener que estar 100% vigilada en la UCIN.

                Fue cogiendo peso y llegó la semana 35. Ese día le hicieron un fondo de ojo y claro, me dijeron que mi chica tenía una retinopatía. Y ya. Y yo, claro, venga a llorar pensando que mi hija iba a ser ciega, que era mi culpa por que hubiera nacido prematura. Por suerte, allí teníamos a una psicóloga que me acompañó, junto a la madre de otro niño, por el trance hasta que salí del puñetero hospital y pude contárselo a mi marido, hecha un mar de lágrimas.  Al día siguiente, su médico me explicó mucho mejor que realmente era que su ojo estaba inmaduro por ser prematura y que la retinopatía era muy leve y que probablemente, en un 90% de los casos, desaparecía a la semana 40-42.

                Esa misma semana nos pidieron, por favor, que nos trasladáramos de hospital. Os cuento. Mi chica nació en el hospital de mi pueblo, pero éste no podía hacerse cargo de menores de 32 semanas, así que nos mandaron a otro hospital más grande. Como no queríamos mover a la bebé, no la devolvimos al primer hospital, aunque nos iba infinitamente mejor. Pues, por problemas con la luna llena o algo (yo que sé), nacieron muchos bebés que necesitaban el espacio mucho más que la mía, que realmente ya estaba bastante bien, pero que no sabía aún comer por boca y llevaba sonda.

                Así que nos trasladamos. Fue la mejor decisión que podíamos tomar. Pasamos de compartir una sala con 8 bebés a tener una habitación propia, y de tomas cada 3 horas por sonda sí o sí, a que la bebé comiera por demanda. Al tener la habitación propia y estar más tranquilas, conseguí lo que no habíamos podido hacer en todo ese tiempo, que se enganchara al pecho. Y así, empezó a mamar. Había tardado dos semanas de estar con ella con paciencia, toma tras toma, dejándola jugar con el pecho, hasta que ella se enganchó y empezó a aprender a comer. Y aquí también me ayudaron mucho las enfermeras del hospital de mi pueblo, que tuvieron toda la paciencia del mundo para enseñarme a mí y a mi marido a eso y a muchas otras cosas más. Porque no os lo he contado, pero en ese hospital tenían otros protocolos en esa fase del coronavirus y podía estar conmigo el padre de la niña, el gran olvidado de esta historia.

                Mi marido se había pasado ese mes y medio entero llevándome y trayéndome porque con la ansiedad, que había rebrotado tras dos años, no podía coger el coche. Había aguantado estoicamente mis penas y me había apoyado todo este tiempo con toda la buena cara que podía poner. Pero se habían olvidado de que él también era su padre y que él también necesitaba verla. Lo de las madres está muy bien, pero aquí rompo una lanza a favor de los padres, que también tienen todo el derecho del mundo a implicarse. Ya basta de poner toda la carga a las madres. Es cierto que biológicamente los bebés están programados para estar con nosotras, pero nosotras necesitamos apoyo y éste, normalmente, lo suelen dar los padres. Apoyo para las madres, era lo que pedíamos todo el rato en el hospital grande, pero ni caso por el puto coronavirus.

                Pues así, las dos más tranquilas, con papá en la ecuación, nuestra pequeña familia vivió feliz en aquella habitación una semana hasta que nuestra chica aprendió a comer solita como toda una campeona. Y es que, el día que cumplía 36 semanas, decidió que pasaba mucho de comer con sonda y se la arrancó. Los médicos decidieron que para qué ponérsela de nuevo y que iban a darle la oportunidad de comer por boca. Así que, mamá, papá y las enfermeras que la cuidaban se armaron de paciencia y sus frutos se vieron cinco días más tarde, cuando nos dieron el alta y pudimos irnos a casa.

                Quisiera, primero de todo, recalcar los excelentes profesionales que tenemos en la sanidad pública. No sabrán jamás lo muy agradecidos que les estamos por todo lo que nos han ayudado y cuidado. Si no sois conscientes de lo importante que es proteger este bien de todos, es que no os habéis tenido que enfrentar a una situación como ésta. No esperéis a tener que pasar por un mal trago para apreciar la sanidad pública, de verdad.

                Ha sido muy duro. Es tan duro que mi cerebro creo que ha vivido en una realidad paralela todo este tiempo y que yo no he visto la magnitud de esto porque si no me hubiera vuelto loca del todo. He llorado mucho. Muchísimo. He aprendido mucho también. He sabido lo mucho que me quería la gente a mí y a mi chica, lo cual ha sido un puntal ultra importante. Y, por último, me he dado cuenta de que, al final, hay que valorar las pequeñas cosas de la vida, que son las que te hacen de verdad feliz. Y ahora, en mi casa, con mi bebé y mi marido, con todas las visitas de amigos y familiares que quieren conocer a la pequeña, soy feliz. Sobre todo, porque como os decía al principio, hemos esquivado una bala que nos hubiera hecho mucho daño.

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Ya os digo yo que no tengo ni su clase ni su estilo.

Si habéis visto la serie Downton Abbey, seguramente recordaréis la impactante muerte de Lady Sybil dando a luz a su única hija y cómo aquello creó un cisma entre Cora y Robert. La enfermedad que sufrió se llamaba eclampsia y es una rarísima afección que afecta a un ínfimo porcentaje de embarazadas. En el caso de la serie, Sybil dio muestras de preeclampsia, tal y como vio su médico de toda la vida, pero dio luz a su hija y todo pareció normal. Sin embargo, más tarde, llegaron las convulsiones y su muerte en brazos de su madre y su esposo.

                ¿Por qué le pasó esto? Todo fue por culpa de la hipertensión. Y justo lo que le pasó a ella, pero con final bastante más feliz me pasó a mí hace apenas unas semanas.




                Estaba yo tan feliz, embarazada de 30 semanas, con mi pancita y con la única preocupación de poder salir el 2 de mayo a pasear, porque me estaba hinchando como un globo por culpa de la retención de líquidos. Sin embargo, no llegué a ese sábado. El lunes de aquella semana empecé a sentirme mal. Las piernas no dejaban de hincharse, pero lo achaqué al embarazo. ¿Qué embarazada no tiene retención de líquidos en las piernas al final de su embarazo? Era algo común, nada de lo que alarmarse. Me empezó a doler la cabeza de manera horrorosa, pero ya me había dolido la cabeza durante el embarazo y de nuevo, ¿A qué embarazada no le duele la cabeza como un síntoma de su estado? Empecé a vomitar sin parar. No mejoré al día siguiente. No conseguía levantarme de la cama y ya, cuando empecé a ver auras, me asusté. No veía.

                De repente, me levanté al lado de mi cama y no sabía cómo había llegado allí. No recordaba nada. Nada. Y estaba sola en casa porque mi marido estaba trabajando. Asustada, le llamé. Mi cuñado vino a por mí en 5 minutos y me llevó al hospital en un suspiro. Lo último que recuerdo es sentarme en una silla de ruedas y de repente, fade to black.

                Me desperté en la UCI unas horas más tarde con un viaje psicotrópico del copón y con mi marido al lado. Me habían practicado una cesárea de urgencia y me habían sacado a mi bebé para salvarnos la vida a ambas. Una bebita de 30 semanas que se marchó a un hospital mucho más grande donde podrían cuidar mejor de ella, pero era pequeña, mucho. A día de hoy, sigue siéndolo, pero ese es un tema que, si los dioses quieren y todo sale bien, hablaré más adelante, porque sigo con el alma en un puño. Es cierto aquello que dicen de que los hijos es lo que más te duele en la vida.

                Había sufrido una eclampsia y nada más llegar al hospital, empecé a convulsionar. Esto según mi pobre cuñado, que lo vivió todo en primera persona. Evidentemente, se ha convertido en el padrino de la niña, qué menos, y eso que no somos cristianos. Tengo problemas de memoria a causa del chute de anestesia que me metieron para poder hacerme la cesárea y no recuerdo nada. Ya os digo que sólo recuerdo despertarme en la UCI con mucho sueño. Ni siquiera recuerdo los 5 minutos anteriores en los cuales me estaban quitando el tubo. Y eso que mi marido decía que asentía y que respondía. Pues nada. Y casi que mejor.

                Me pasé dos días en la UCI llena de tubos y sin poder casi moverme de la cama. Venían médicos y enfermeros todo el rato a verme y no dejaban de pincharme drogas. Estaban preocupados por si, como a Lady Sybil, me volvía a subir la tensión y me daban de nuevo convulsiones. El peligro no había pasado.

                Pero yo tenía algo por lo que pelear. Me habían dicho que, si mejoraba, me mandarían a planta y allí pedirían el traspaso al otro hospital para que yo pudiera estar con mi niña. Y ya os podéis imaginar qué pasó. Que había que hacer dieta de líquidos, se hacía. Qué había que levantarse por narices, muerta de dolor, primero por la cesárea y segundo por no sentirme las piernas, se hacía. Que había que comer, aún sin hambre, se hacía. Y así, en dos días, me pasaron a planta. Allí, me levantaba de la cama y andaba. Andaba y lloraba. Recién parida y con el efecto de las drogas pasando, empecé a darme cuenta de lo cerca que había estado de morir, y lo peor de todo, de llevarme a mi bebé conmigo. Culpa, culpa, culpa. Sólo había culpa en mi cabeza. Sigue habiendo de eso en mi mente, aunque ahora tengo otras preocupaciones que la ocupan, pero sigue estando, ahí, agazapada, esperando a que me descuide.

                No dejé de llorar en días. Pensar que casi te mueres me hacía estar agobiada, porque no recordaba nada, y agradecida por la segunda oportunidad. La gratitud a la vida es algo que llena mi mente y me da fuerzas para avanzar, aunque ya os avanzo que hay una segunda parte, de la que ya os hablaré y de la que no quiero hablar aún, que hace que aún siga llorando con fuerza muy a menudo.

                Conseguí recuperarme bastante y llegó el ansiado momento de trasladarme. En el nuevo hospital, estuve otras 24 horas en observación. Tan cerca y tan lejos a la vez de mi niña. ¿Cómo narices querían que me bajara la tensión? No dejaban de medirme con el tensiómetro. Aún me da escalofríos ponérmelo en casa para medírmela porque me acuerdo de esas 24 horas infernales en aquel paritorio en el cual no dejaba de ir al baño y el dichoso tensiómetro apretarme el brazo cada 20 minutos. Para que os hagáis una idea, en alguien con la tensión normal, el alta va desde los 80 a los 120 y la baja entre los 60 y 80. Yo tenía 170 de alta y como 90 ó 100 de baja, así que os podéis hacer una idea de cómo estaba. Me metieron montón de medicinas por sondas y me dijeron que hasta que no me bajara la tensión no me pasaban a planta y me quitaban las sondas, condición indispensable para poder ir a ver a mi hija. Y claro, pues la tensión no la podía controlar. Así que ya os podéis imaginar la impotencia.

                Al día siguiente me pasaron a una habitación. Y por fin, una enfermera, ese ángel bondadoso, se apiadó de mí. Habló con varios médicos y consiguió que me llevaran a ver a mi bebé, casi cinco días más tarde de que hubiera nacido. No sé quién tenía más cables, si ella o yo, pero allí estábamos las dos. Aferradas a la vida. Creo que fue la experiencia más bestia de mi vida. Era ver a alguien que conocías de sobras, pero que veías por primera vez la cara. Al día siguiente, me dieron el alta y lo que viene después, es otra historia que ya os contaré.

                ¿Por qué me pasó esto? Le he dado varias vueltas a los motivos. Primero, la mala suerte. Es una enfermedad rara que no suele afectar a muchas mujeres embarazadas, pero que ahí está. Es cierto que tengo un componente genético de hipertensión en mi familia, pero todas las pruebas habían salido bien hasta que… sí, bingo, el segundo motivo, el coronavirus. Yo seguía mi embarazo normal, con todas mis pruebas, mis visitas a la matrona, mis visitas a la ginecóloga, mis análisis y mis ecografías hasta que apareció esta locura tan mal gestionada. El pánico parece ser que corrió por todos lados y se nos olvidó que había pacientes de riesgo que estábamos dejando de lado, como yo y como otras madres que he conocido y muchos más que no cito aquí, como niños, pacientes de la tercera edad, gente con enfermedades que necesitaba un seguimiento y que se quitó. Porque sí, os cuento, el ambulatorio donde yo solía ir a hacerme las pruebas, entre ellas, medirme la tensión, cerró. Nadie me había explicado que debía medírmela ni los parámetros, porque, si lo hubiera sabido, hubiera ido a la farmacia a hacerlo y en el momento de haber notado raro, hubiera ido a Urgencias.

                En mi caso fue un «como parece bien, no volveremos a verla hasta la semana 34». Y ojo, esto es protocolo de seguridad de sanidad. Así pues, cosas tan sencillas que se solucionan en un ambulatorio se han complicado tanto que han acabado en Urgencias. Y las Urgencias de verdad sin apenas ir y con un repunte brutal de casos muy graves porque nos hemos aguantado. Porque sí, yo podría haber muerto. Y eso te hace replantearte muchas cosas.

                Lo principal que quiero deciros es que, una vez pase esto y tenga a mi niña conmigo, muy probablemente me tome la vida de otra manera. Siento como si se me hubiera dado otra oportunidad para vivir la vida con la gente a la quiero y para poder terminar lo que tengo a medias y lo que me define. Nunca fui ni una persona especialmente negativa, pero tampoco positiva, pero el hecho de que mi mente desconectara, que fuera un «hasta aquí hemos llegado» y un no recordar nada excepcional te hace recapacitar sobre el hecho de que quizás sí que sólo tenemos una oportunidad y que hay que aprovecharla. Además, tener a mi hija en brazos, verla como se aferra a la vida con tantas ganas, hace que incluso tú misma quieras luchar mucho más por ello. Porque sí, todos sabemos que el mundo es una mierda, pero es que ese mundo lo hacemos nosotros y si no nos gusta, quizás sea el momento de que intentemos cambiarlo.

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A continuación, os adjunto todas las citas que he ido poniendo en mis RRSS con material sobre la novela en la que estoy trabajando, «Alessia»:

Portada:




Sinopsis:


Citas (por orden de aparición en la novela):






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Os dejo a continuación uno de los muchos apuntes teóricos que tengo para mis novelas y que me han servido bastante. No esperéis algo detallado, ya que son unos apuntes claros que uso yo para hacerme una idea cuando me planteo el cómo voy a contar la historia, pero hay multitud de páginas y blogs que hablan en más profundidad sobre el tema.
Hoy os voy a hablar muy por encima de los diferentes tipos de estructuras que puede tener una novela. Estos son relativamente conocidos, aunque podéis sentiros libres de crear vuestra propia estructura siempre que la novela funcione.

Clásica


Tiene las tres típicas fases basadas en un desarrollo de tiempo cronológico lineal, con su correspondiente planteamiento, nudo y desenlace.

Circular


Comienza y termina igual. Es interesante dejar margen para la interpretación del lector tanto al principio como al final. Un ejemplo clásico es la historia del señor de los anillos, donde Sam vuelve hasta donde empezó, pero ha sufrido un cambio por su aventura.

Inversa


Contamos los hechos hacia atrás, es decir, que el principio es realmente el final y la novela te cuenta cómo acabó sucediendo esto. Por ejemplo, muchas de las novelas clásicas policíacas son inversas.

Convergente


Dos argumentos concluyen al final. Normalmente suelen interactuar a partir de las dos terceras partes de la novela. Por ejemplo, tiene pinta que la saga de Canción de Hielo y Fuego vaya a terminar convergiendo, aunque ahora tenga una aparente estructura paralela. Esto os puede servir de ejemplo para ver que se pueden mezclar diferentes tipos de estructuras mientras funcione.

Autorreferencial


El autor vuelve sobre otras de sus obras o personajes, como si sus novelas formaran un cuerpo único. Por ejemplo, muchas de las novelas de Stephen King.

Estructura paralela


A través de un incidente único, el argumento se desdobla. Como ejemplo, volvemos de nuevo a Canción de Hielo y Fuego

Estructura homogénea


El autor no desea destacar a ningún personaje en particular y estos entran y salen sin más. No hay conflicto ni propósito claro y el tema de la novela son las reflexiones de los personajes. Si no recuerdo mal, como ejemplo de esto se puede encontrar varias novelas rusas en las que se centraban más en el desarrollo de los personajes y en su psicología.

Con alteración del tiempo lineal


Cuando la novela empieza in media res o cuando se producen saltos en el tiempo hacia delante o atrás. El ejemplo más claro de novela que empieza en medio del meollo y la más clásica es la Odisea de Homero, con Odiseo ahí en todo el fregao lidiando con los problemas después de la guerra de Troya.
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Bueno, pues sí, resulta que al final me he decidido a leer este libro. No soy muy fan de leer «el mejor libro del año» según la crítica, pero como mis libreras de confianza lo avalaban, y yo tenía curiosidad, me he puesto a ello.

                Primero de todo, me ha encantado que, en un comentario en el propio libro, cómo a modo de publicidad, ponía un «nosequé» (no recuerdo) erótico. Y luego, una que es afanosa y se documenta para hacer reseñas, he visto de forma recurrente lo de erótico. Tengo la sensación de que no hemos leído el mismo libro. Permitidme que os diga que si opináis que Permafrost es erótico, primero, no habéis leído literatura erótica, y segundo, sois una panda de mojigatos. Debe ser que esto de que una mujer lesbiana te cuente sus pulsiones o relaciones sexuales dentro de un libro, entre varias cosas más, debe ser algo que hace estallar la cabeza a varias personas, porque si no, no lo entiendo.

¿Dónde está lo erótico, que yo lo vea?

                En mi opinión, Permafrost es una ventana abierta al alter ego de Eva Baltasar, la autora, en un libro que nos desentraña su intimidad. Es un libro así de generoso, no todos te dejan entrar así en la psique del personaje y voz narradora. En el primer capítulo, un desastre comparado con el resto, en donde se veía que la autora no había encontrado su voz narradora y todo es una mezcolanza poética que no le viene nada bien (no olvidemos que Eva Baltasar es, también, una excelente poetisa, o eso he leído, que yo soy una inculta de la vida en cuanto a poesía se trata), vamos, un error de principiante que ya podría bien el editor haberle dicho: «nena, quita adjetivos, simplifica esto, sé más directa como en el resto de la novela». Y si conseguís pasar ese primer capítulo (por suerte, es corto), vemos que la autora ya se va soltando y aquello ya coge más forma.

                A nivel técnico, está escrito en primera persona y cada capítulo, de pocas páginas, es un inmenso párrafo sin punto aparte, donde nos cuenta, a modo de monólogo, temas sobre su pasado, su presente, lo que le preocupa, las ganas de morirse que tiene siempre, sus intentos de suicidio… todo precioso y súper misterwonderfuldiano.

                Pero Permafrost se guarda un as en la manga. Es una novela que va creciendo a medida que vas devorando capítulos (son cortos, aquello no se lee, aquello se devora, son atrayentes, fluidos), y oculta un curioso mensaje vital sumado a una reflexión final por parte de la autora, un tanto obsesiva a mi parecer, sobre lo que la vida te da y te quita, que quizás nos pueda parecer simple, pero es arrolladoramente humano, como el resto de la novela.

                También os tengo que decir que el libro, aunque me ha parecido bueno, está sumamente sobrevalorado. Que es un debut en prosa magnífico, sí, pero no creo que las críticas que le hayan hecho hayan servido para ayudarle. En mi caso, me han apartado de él, porque soy de la opinión que si un libro viene muy recomendado por la crítica es que algo se ha pagado. Al menos, no viene recomendado ni por Stephen King ni por George R.R. Martin, algo que agradezco y lo cual también me sirvió para leerlo (porque libro que veo que es el nuevo Juego de Tronos o que Stephen King, que parece haberse quedado sin criterio, lo recomienda, huyo).

                ¿Os lo recomendaría? Mirad, pues sí. Se lee en una nada, está bien escrito y ayuda a reflexionar, sin caer en la ñoñería, sobre varios temas vitales. Eso sí, si  no te gustan los libros intimistas o piensas que una novela erótica es algo que un párrafo explicándonos como alguien folla con otro alguien, este no es tu libro.

Maremeva, se ve un sideboob, qué guarrete es el libro.

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No sé cómo, quizás en algún artículo de algún periódico que leí hace algún tiempo, leí de lugares bonitos de España para hacer senderismo y entrar en contacto con la naturaleza. Uno de ellos era el impresionante hayedo del bosque de Irati en Navarra y, cómo era pleno agosto y necesitaba desesperadamente escapar de Madrid y abrazar árboles, convencí a toda mi tropa y allí nos dirigimos.


Os cuento la logística del tema y qué hicimos a continuación.

Alojamiento



Nosotros decidimos ir a Isaba a pasar la noche. Para buscar alojamiento, solemos utilizar la página web escapadarural.com, que ya hemos utilizado para nuestro viaje a Asturias y para alquilar la casa rural de la boda medieval.

                Allí encontramos una casa rural muy apañada de precio, llamada Francisco Mayo, en Isaba, muy cerca de Ochagavía, una de las puertas a la zona de Irati. Se alquilaba por habitaciones, pero nosotros cogimos las dos habitaciones de arriba del todo, que salían mucho más baratas porque no tenían baño dentro, pero lo compartían, aunque al ser cuatro personas, y todos amigos, íbamos a usar el mismo baño todos, así que sin problema.

                La dueña de la casa, Idoia, es un amor de persona. Nos ayudó e informó de varias rutas y nos preparó unos desayunos de esos míticos, de esos de ponerse a llorar de la emoción, por lo que si vais allí, os recomendamos que, por 6 euros míseros euros, os lo cojáis y disfrutéis de un buen desayuno para poneros las pilas.

                Nosotros llegamos el viernes por la noche y volvimos el domingo por la tarde. Las habitaciones estaban limpias, el baño igual y el pueblo era precioso. Así que, recomendado queda.

Las excursiones


Nosotros fuimos de excursión el sábado por la mañana y el domingo por la mañana. Para la excursión del sábado por la mañana, nos fuimos a Ochagavía y allí visitamos el centro de visitantes para preguntar por diferentes rutas. Optamos por una ruta muy sencilla por el hayedo de Irati hasta el embalse de Irabia. Si no recuerdo mal, tardamos dos horas ida, dos horas vuelta porque íbamos lento. Después, comimos en el restaurante del párking y muy bien, la verdad.

                Os adjunto la información en PDF de varias rutas por Irati. Información sacada de la página oficial.


MAPA-IRATI by Ysora Luinwe on Scribd



                Al día siguiente, hicimos una pequeña, pero preciosa ruta, desde Isaba a la cascada de Belabarce. Vale mucho la pena hacerla, es fácil, casi todo el camino es llano, y no se tarda más de una hora ida y otra vuelta.

Cascada de Belabarce

               Antes de irnos a casa, paramos en El Roncal, compramos queso y algunas conservas típicas de Navarra, comimos en un restaurante de allí que no os voy a recomendar porque no me gustó nada, y volvimos a Madrid.

¿Dónde comimos?


Primero de todo, recomiendo que reservéis. Los sitios son pequeños y aquello es bastante turístico.

La primera noche comimos en el restaurante Emeka y nos encantó, os lo recomendamos. Al día siguiente, en el Azpirotz, el cual os recomiendo también. De todo, os diría que en el Emeka probárais sus carnes, aunque estaba todo bueno, y en el Azpirotz nos sorprendió gratamente los cardos y el pescado, muy bien cocinados.

                En el restaurante del parking de Irati, como ya os he dicho, comimos y de precio era razonable y la comida muy buena. Especial atención a las migas y al potaje con sus piparras. Lo único malo del sitio, es que está siempre lleno, pero se puede comer de bocadillos en la terraza de fuera si queréis.

Y bueno, qué decir. Ir a Irati un fin de semana es una escapada perfecta para poder disfrutar de la naturaleza y la hospitalidad y gastronomía navarra en pleno esplendor. Muy recomendable.

Por favor, por favor, no quiero volver a Madrid, por favor....



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Ha dado la casualidad de que hacía mucho que no leía autores de habla hispana, no por nada en especial, sino porque yo me dejo llevar por si me interesa o no lo que me cuentan y no ha dado la casualidad hasta ahora. Sí, sé que he hecho mal, pero, ¿qué le vamos a hacer? Prometo enmendar mi error, aunque también prometo que no voy a leer literatura juvenil de autores españoles. Así que, absteneos de recomendarme algo de esa temática porque lo ignoraré.

                Bien, después de irme por las ramas, como de costumbre, voy al grano. Ya os habréis dado cuenta que no suelo ser muy fiel a un mismo género, que voy saltando: que si terror, que si fantasía, que si ensayo, que si literatura… Me definiría como «lectora emocional»: a ver qué me apetece hoy. Y así fue cómo llegué hasta Laura Restrepo. Quizás leí alguna noticia sobre ella en algún lugar, alguna reseña, algo que no recuerdo, así que decidí darle la oportunidad a la novela que os traigo hoy, «Los divinos».

                Lo primero de lo que me di cuenta al abrir la página primera de la novela es que la escritora no hablaba en el español que yo suelo utilizar, sino que, al ser colombiana, utilizaba su vertiente de español, cómo es lógico y normal. Más allá del debate interno que me pudo generar al pensar en lo egocentristas que a veces somos los españoles, he de decir que me costó. No estoy acostumbrada a leer ese español y me costó, y eso que soy de la generación que se veía las películas Disney en latinoamericano. Literalmente, flipé en colores, que se dice aquí. No entendía nada de lo que me estaba contando.

                Al primer capítulo, con la dificultad de la lengua añadida, hay que sumarle que es muy introspectivo al introducirnos al personaje principal de la trama, Muñeco. Se me hizo una montaña: su estilo enrevesado, que iba y venía; el idioma; y la trama. Yo, mujer de prosa sencilla, reconozco que se me hizo bola. Aunque decidí darle una oportunidad y en el capítulo 2 ya la cosa mejoró. Será que la relación entre Laura y yo también debió de fluir, aunque yo soy una ferviente convencida de que no hay que hacerle mucho caso al capítulo 1 de una novela y que hay que darle la oportunidad a un libro al menos hasta las 100 páginas y así conseguí terminarlo, porque sí, la cosa va mejorando y se va haciendo más sencilla. La autora consigue meterte en su mundo y tú ya vas conociendo mejor a los personajes, unos gilipollas todos, pero oye, al menos, tus gilipollas. Qué narices, son imbéciles. Todos.

                La historia de la novela se centra en el asesinato real de la niña Yuliana Samborí, una niña indígena de origen humilde, que fue raptada, violada y asesinada por Rafael Uribe Noguera, arquitecto perteneciente a la clase alta de Bogotá. Aquel asesinato fue como un terremoto que sacudió a toda la sociedad colombiana, y que enfrentó a las dos sociedades: la vieja y acomodada, con fuertes influencias políticas y económicas; y a esa nueva sociedad que está surgiendo y que clamaba para que se hiciera verdadera justicia.

                Pues bien, «Los divinos» intenta reconstruir, un poco bastante por libre, este hecho. Se centra en el grupo de treintañeros, autodenominados «Tutti-Frutti» (ya sólo por eso se merecen arder en el infierno) y nos narra la vida de Muñeco, alter ego de Rafael Uribe, de Duque, de Tarabeo, de Píldora y de Hobbit, narrador y último en entrar en el grupo, además de navegante entre las dos sociedades colombianas, la bisagra entre ambos mundos.

                El libro está escrito en primera persona en donde el Hobbit nos va contando, a su manera, cómo es cada uno de los miembros del grupo, cómo se conocieron, a qué se dedican, sus aficiones, su todo. Si bien, la primera parte de la novela es una reconstrucción ficticia precisamente de la envidiable vida de los miembros de ese grupo y ya es en la segunda parte donde se centra en el crimen y en la reflexión de Hobbit sobre lo sucedido.



                Vamos al lío, por lo que todos estábais esperando, ¿Os recomendaría esta novela? Sinceramente, me dejó fría. Ni chicha ni limoná. ¿Merece la pena leer a la autora? Yo creo que sí, es una buena escritora, probablemente «Los divinos» no fue mi mejor elección para conocerla. Si tuviera que recomendaros que empezarais por alguna, sin duda alguna sería por «Delirio», su novela más conocida y más premiada. Si en algún momento me da por volver a la autora, que no os quepa la menor duda que ése será el libro que escogeré.

                Y vosotros, ¿Habéis leído a Laura Restrepo? ¿Os ha gustado? ¿Me recomendáis leer «Delirio»?

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Recién llegada a las librerías, esta novela de la surcoreana Cho Nam-jo y publicada en España por la editorial Alfaguara, no parece tener más aspiraciones que explicar la vida de la protagonista, Ji-young. Pero en realidad, encierra mucho más entre sus páginas, en donde vemos que la faja y los comentarios de lectores y críticos de otros países donde el libro ya había sido publicado nos iba avisando. ¿Por qué iba a ser diferente en España? Y es que en su país de origen ha sido todo un fenómeno y, en este caso, no creo que haya sido una estrategia de marketing editorial como el que tantas veces vemos que se utiliza.


                Ante la aparente sencillez de la historia, con un argumento que en nada sorprende, subyace una trama cargada de sentimientos contradictorios, de sutil violencia y, sobre todo, de discriminación sufrida. La voz de la narradora, en primera persona, siempre se mantiene lineal, como quien explica de forma aséptica algo que le ha sucedido sin darle la menor importancia. Pero no sólo nos cuenta la historia de su protagonista, sino que aprovecha y nos narra la vida de su hermana, la de su abuela y su madre, el puntal de la novela y artífice de todo en esa familia y, por ende, la pieza fundamental para entender la historia.

                Lo brillante de la novela es, aparte de la sencillez con la que está narrada (y en este caso, el buen trabajo de traducción de Joo Hasun al castellano), es la cercanía de lo que cuenta. Y es que, a pesar de transcurrir en la lejana Corea del sur, al suceder toda la narración bajo el prisma de un sistema patriarcal, mucho de lo que nos cuenta nos puede retrotraer a vivencias propia, porque, salvando las diferencias culturales, ¿Quién no ha tenido una madre o abuela ama de casa, que se las ingeniaba para sacar a su familia adelante? ¿Quién, siendo mujer, no se ha sentido en algún momento ser menos que un hombre? ¿O acosada por un desconocido, cosificada como un trozo de carne listo para ser cazado?

                La autora repasa todas las etapas vitales de la mujer a lo largo de la vida de Ji-young, explicando lo que se espera de ella en cada uno de los momentos de su vida con toda la normalidad con la que nos lo hemos encontrado en nuestra vida cotidiana.

                Así, sin más, somos testigos del cambio del pensamiento arcaico, representado por la abuela, con sus tradiciones donde primaba el hijo varón y el subyugamiento de las mujeres de la familia a la preponderancia de los hombres; la madre, hacedora del cambio, pilar de la familia, que quiere que sus hijas tengan las oportunidades y libertades de las que ella no dispuso en su momento; y Ji-young y su hermana, producto del esfuerzo de esa madre esforzada, que se encuentran a medio camino entre la propia realización y la figura del clásico «ángel del hogar», en una sociedad que no se lo pone nada fácil para seguir importante una vez se deciden a ser madres.

                «Kim Ji-young, nacida en 1982» no es una novela para todo el mundo. Aunque tenga una lectura en apariencia sencilla, lo que cuenta te desgarra por dentro y te puede hacer recordar momentos que has tenido enterrados en lo más profundo de la memoria. Una novela valiente, que quedara como radiografía de una sociedad en la que vivía una gran parte de las mujeres a finales del siglo xx y principios de xxi. Un canto al aprendizaje, para que apreciemos lo ganado y, sobre todo, para que no demos marcha atrás.



Ficha Técnica


Autora: Cho Nam-joo
Traducción: Joo Hasun
Editorial: Alfaguara

Año de publicación (español): 2019
Año de publicación (origen): 2016
Precio: 16,90 €

ISBN: 9788420437927

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Si os he de decir la verdad, hay varias cosas en mi vida que he querido por encima de todo: visitar Japón (a poder ser, varias veces), vivir de escribir (no necesito ser millonaria, con ser mileurista me conformo) y tener un vestido de mangas larguísimas.

                No me preguntéis cómo, pero lie a mi ahora marido a ello. Yo lo de la boda medieval era accesorio, quería ir con mangas largas. ¿Qué podía ir de novia así? Ya, pero ya que estábamos, pues lo hacíamos bien. A lo bestia. Todo el mundo disfrazado. 
Jardines del castillo de Himeji con todos los cerezos en flor.

                Así que, posterior pedida a mi preciosa pedida de mano en los jardines del castillo de Himeji (incluyo foto, el vídeo es demasiado ya), en la cual se conchabaron todos mis amigos con mi marido, nos pusimos a organizar el tema.

Lo primero: buscar la organización


Para mí, lo esencial fueron dos cosas: buscar a alguien que nos pusiera todo el montaje medieval y mi vestido.
                Los que escogimos fueron a Bodas Medievales España y su organizador, Christian, fue encantador y, junto a su equipo, hicieron un excelente trabajo. Fueron ellos los que nos ayudaron a escoger fotógrafo (Para toda la vida) y lugar donde celebrar el banquete.

Lugar dónde se celebró la ceremonia.


                El lugar donde hicimos el banquete fue en la finca Los Truecos. Nosotros íbamos sin mucho ánimo, porque nos había gustado más otro sitio, pero nos enseñaron aquel lugar en medio de la campiña de Toledo y nos atendieron tan bien, además de que nos hicieron un buen precio, que nos decantamos por organizarla allí.

                La finca está un pelín lejos de Madrid, de donde era casi todo el mundo, pero con escapadarural.net alquilamos una casa para parte de los invitados. La zona está llena llenita de casas rurales y como fue en temporada baja, no salió muy caro.

El traje, la capa y el cinturón de El costurero Real. 


                El vestido me lo hicieron en el costurero real y fue una experiencia maravillosa. Yo quería que mi traje estuviera hecho en Barcelona, que para eso soy de allí y las chicas del costurero fueron estupendas. Plasmaron mi idea, una versión del cuadro de El espaldarazo, a la perfección, me atendieron maravillosamente y me hicieron un traje a medida que salió infinitamente más barato que un traje de novia tradicional. También me hicieron una capa a juego. Os recomiendo muchísimo que las visitéis en su tienda de plaça del pi en Barcelona o entréis en contacto con ellas por correo. Tienen también tienda en Etsy con cosas muy chulas y así rollo fantasía y alternativas.

                Los zapatos los compré en una tienda llamada La veintinueve que una amiga me recomendó, con ropa de los años 50. 

                Para el ramo, utilicé la página bodas.net para localizar floristerías por la zona y que me la pudieran llevar a la finca donde me alojaba. La verdad es que os recomiendo la página si no tenéis muy claro qué hacer con la boda.


Lo segundo: nos ponemos en faena


                Las invitaciones nos las hicieron los chicos de bodas medievales España y nos dieron varios modelos. Quedó al final como un rollo de pergamino lacrado muy interesante. Claro, tuvimos que adjuntarle instrucciones, cómo donde estaba la finca y cuál era el código de vestimenta.

                ¿Qué usamos para los disfraces de la gente? La organización nos facilitaba varios disfraces y nos regalaron en el pack el uso de 10. Tenían un amplio catálogo para mujeres y hombres que no estaban mal. Si no recuerdo mal, el precio del alquiler de los otros era entre 20 y 30 euros, donde ellos incluían el lavado y el planchado.

Así de guapos iban. Sin ellos, no hubiera podido ser igual.

                Sin embargo, mucha gente optó por hacerlo por su propia cuenta. Si estáis en ello, tenéis varias opciones: la ya citada Etsy, donde, por ejemplo, mi marido compró su capa a Armstreet (esto recomiendo hacerlo con tiempo), las coronas de las damas de honor y la tiara del novio venían de allí de unas chicas asturianas (Ayalga), que nos la mandaron en tiempo récord.

                Eviltailors tiene tienda en Madrid y un vendedor encantador que os atenderá estupendamente si tenéis un evento medieval o un roleo en vivo. Os puede pedir cosas de la tienda online y os las tiene preparadas.

                Hay varias tiendas de alquiler de disfraces en Madrid, las que usaron, por ejemplo, mi suegro y un amigo fue Disfraces París, a un precio razonable y con trajes preciosos.

                Mis damas y una amiga optaron por modistas. Esto fue lo que más nos costó encontrar, el traje de las damas, pero quedaron guapísimas y el traje fue muy razonable de precio, que era una cosa que me daba a mi pavor, que gastaran mucho dinero en el vestido.

                Y claro, queda la opción de que cada uno se lo haga, que también hubo quién lo hizo. Eso sí, requiere que seáis habilidosos con la máquina de coser.


Maquillaje y peinado de Ángela Canosa. Tiara de Evil Tailors. Bata y camisón del primark 😂


                El maquillaje y peinados, tanto el mío como el de mi marido, lo hizo ÁngelaCanosa, que se desplazó hasta la finca. Lo hizo con un precio razonable y nos hizo pruebas y todo. Si os casáis por Toledo o si tenéis un evento por allí, os la recomiendo mucho.

La boda


Nuestra boda oficial, la que vale ante el estado, fue por el registro civil de nuestro pueblo. Como más de medio año antes, me acerqué al registro y me dieron lo que necesitaba: el certificado de nacimiento de los contrayentes, y el padrón. Si no habéis vivido más de un año en el mismo lugar, necesitaréis el padrón del otro lugar, que es lo que me pasó a mí.

                El certificado es fácil de pedir, se hace por internet y te lo mandan a casa. El padrón ya tienes que ir a la oficina del ayuntamiento o al propio ayuntamiento y pedirlo. No es algo automático, tardarán un tiempo en tramitarlo.

                Cuando lo tienes, eliges a un testigo (nosotros llevamos dos), coges cita en el registro y llevas todo. Y una vez eso, pasa un tiempo donde lo cuelgan y ya te llaman para que pidas cita para la boda. Y nada, vas al juzgado con dos testigos, te casa el juez y te dan tu flamante libro de familia. Hay opciones de que te salga gratis (lo nuestro fue) o que te casen pagando. Elegid la que queráis, en el registro os informan.


                La boda medieval fue en la finca, en donde uno de los chicos se vistió de cardenal y nos casó. Tuvimos entrega de anillos con aves, una lechuza blanca para mí y un águila para mi marido. Las aves se quedaron toda la boda con sus cuidadoras y fue una atracción estrella. Vamos, el mayor acierto. Los niños flipaban.



                En el pack que cogimos, teníamos malabares, animación por parte de la mujer barbuda (esto fue divertidísimo), un verdugo, música, pelea de espadas (donde raptaron a una de mis damas) y danza del vientre, además de que prepararon una zona chillout con cachimbas, hicieron un taller de percusión y muchos bailes. Todo esto creo recordar que costó un poco más de 6000 euros.

                El banquete tuvo un pregonero para el cual nos inventamos títulos para todos los invitados y los saludamos, junto a nuestros padres, a la entrada del convite. Justo después, liamos a varios de nuestros amigos para que nos ayudaran con la canción de la entrada del  banquete: cantamos la canción de Rains of Castamere y la verdad es que quedó bien y original. Nos aplaudieron mucho y quien lo pilló, se descojonaba.

Si le dáis a que se vea más grande, podéis leer los nombres de las mesas.


                Las mesas fueron temáticas: se me ocurrió que cada mesa tuviera el nombre de un reino fantástico y la chica de la organización de la finca, Eva, nos dijo que nos podía conseguir que los sitting plan y los menús estuvieran personalizados (creo que el diseño costó 100 euros más, no recuerdo bien), así que tuvimos eso también. Organicé las mesas con mi marido poniendo nombres como Poniente, Cimeria, Melniboné, Tigana… y su correspondiente cita en el menú para que, si la gente tenía curiosidad, lo mirara (Ysora potenciando la lectura). He de deciros que la mesa presidencial, la mía, tenía el nombre de un reino de mis libros y su correspondiente cita. Os juro que hubo gente que se dedicó a coger uno de cada de todas las mesas.

Salón principal de la finca de Los Truecos

                El regalo para los invitados fue una copa y lo puso la organización.

                La gente de la finca se portó muy bien y se implicaron mucho en la boda, hasta se disfrazaron y todo con los trajes que les proporcionó el organizador de la boda. El banquete fue normal, comida normal, no queríamos que a la gente le diera un parraque, así que aquí sólo os puedo decir que hubo aperitivos, primero, segundo y postre. Esto fue normal.

Tree más invitado a cantar.


                Para el final, contratamos al grupo folk Tree que amenizó la velada con un concierto que disfrutaron mucho. Fueron canciones tradicionales irlandesas y también iban disfrazados.

                La boda terminó a las 9 y yo ya quería morirme. Pero parece que los demás se divirtieron.
¿El mejor momento de la boda? El pasillo de espadas. Se pusieron nuestros hermanos y amigos cercanos a hacernos el pasillo de espadas y fue uno de los momentos más bonitos del encuentro y lo que dio inicio al banquete con los aperitivos.



Tips básicos para una boda medieval (y para cualquier boda): tener un padrino que te ayude, tener damas de honor que te ayuden también, que tu familia y amigos se impliquen en la locura. Y sobre todo, tener paciencia. ¡Y disfrutar!

¡Ah! Se me olvidaba lo que muchos esperabais, el coste aproximado de la boda (sin luna de miel), fueron como de unos 15000 euros en el 2019.

Si tenéis alguna pregunta, tenéis en el blog mi twitter o, si preferís, podéis dejarme aquí un comentario.

Créditos de fotografía: Para toda la vida Bodas

¡Muchas gracias por leerme!

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Escritora, librera e historiadora

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